La calle y el ocio

27 02 2009

cafe-nocturnEstos días me he relajado un poco a la hora de apuntar líneas por las que yo creo que debe avanzar en debate respecto a cómo articular el ocio en general y en particular el nocturno. Mientras he aprovechado unos días de descanso en mi tarea educativa para acercarme por Burgos y Bilbao. Soy de los que, generalmente, cuando vuelvo de estos viajes lo hago con una sana envidia de los cascos históricos que visito. Ellos son una parte importante a la hora de hablar de ocio y en estas dos ciudades me ha agradado lo que he visto.

De Bilbao recuerdo mi visita hace un montón de años donde las siete calles eran el cobijo de lo que se daba en llamar el barrio chino. Ahora ese espacio es referencia a la hora de entender una tarde-noche de tapas y pinchos. Con esa tipología de locales la hora de cierre no fue muy tardana y eso que era viernes de Carnaval. Por cierto tuvimos una agradable estancia final en un local cuyo propietario me recordaba en mucho al ya fallecido Imanol. De Burgos señalar que también la recordaba de aquellos mismos lejanos años y que el cambio ha sido tremendo con una cantidad de calles peatonalizadas espectacular. La noche no llegué a conocerla pero poca actividad debía haber en las calles con el frio que se mete en el cuerpo. En todo caso una primera conclusión: cascos históricos con calles peatonalizadas y locales comerciales y de hostelería donde predomina el tapeo es algo que funciona. Lo contrario de lo que ocurre en Huesca con nada peatonalizado, más que unos cuantos locales de copas y escasez de los mentados de tapeo.

Otras ideas, algunas recogidas de por aquí y por allá, que me parecen interesantes:

  1. Como ya apunté en la entrada anterior la propuesta de creación de grandes infraestructuras de ocio alejadas de las áreas residenciales debe estudiarse con cuidado, pues insiste en promocionar un modelo de ocio basado en el consumo de alcohol en horario nocturno. Las experiencias ensayadas en algunas ciudades arrojan distintos resultados; en particular se observa que algunos de los llamados centros comerciales y de ocio no han dado como resultado un alivio sustancial del centro, sacando el ruido fuera, sino una duplicación de la oferta que, en todo caso, sigue dejando en las viejas zonas de copas a los usuarios más problemáticos. En todo caso creo que las discotecas de dimensiones medias pueden mantenerse en la ciudad.
  2. Los horarios no son en realidad la causa de las perturbaciones que se generan a los vecinos, pues si los establecimientos están bien acondicionados no tienen por qué transmitir ruidos ni provocar molestias. El verdadero problema es que la gente está en la calle y no se recoge en sus casas a las cinco de la madrugada. Este es el fenómeno social que se debe abordar, aceptando que los locales de ocio, incluso los que abren a las seis de la mañana, lejos de ser la causa del problema pueden en realidad ser la solución, pues evitan que la gente esté en las calles y produzca ruidos y molestias al vecindario. El Ayuntamiento debe ser contundente exigiendo que los establecimientos estén insonorizados y favoreciendo que la gente pueda recogerse en ellos en vez de estar en las calles.
  3. La herencia de la mala gestión del pasado ha dejado zonas con una elevada concentración de locales de copas en una misma calle. Ello, es evidente, favorece las aglomeraciones de personas en la calle. Las nuevas normativas establecen distancias considerables entre unos y otros y, además, son más exigentes respecto a las condiciones de todo tipo que deben cumplir. Puede entenderse un cierto tiempo para la adaptación al nuevo escenario, pero debe marcarse un horizonte cercano para que lo que existe en la actualidad se ajuste a lo regulado. Si es necesario debe incentivarse el cierre de algunos locales, en especial de los que peores condiciones reunan. Al propio tiempo debe favorecerse su reubicación en otras áreas de la ciudad.
  4. Debe apostarse porque se creen locales de hostelería en los nuevos barrios. En ellos han recalado muchas parejas jóvenes que acaban de comprar su primer piso (VPO) y cuya economía no está para excesivas alegrías y no es extraño que con una oferta adecuada renunciaran a acudir al centro durante los fines de semana y optaran por salir por sus zonas de residencia de forma más tranquila y controlada.  Además se ha de fomentar la oferta destinada al adulto que selecciona un local amplio, bien ambientado y rechaza alternar en la calle. Con esta tendencia se conseguiría que la actividad de  ocio se expandiera por todo el término municipal.
  5. Deben potenciarse los servicios públicos para combatir los efectos colaterales del ocio nocturno  y el transporte público para garantizar la seguridad vial en horario nocturno. Debe actuarse con tolerancia cero respecto al problema del botellón en espacios habitados y los comportamientos incívicos en la calle (meadas, griterio, rotura de vidrios, insultos a vecinos, roturas de mobiliario urbano o árboles,…). Tenemos derecho a estar en la calle a cualquier hora pero no a hacer lo que nos de la gana.
  6. Deben ponerse en marcha planes de actuación acústica que combatan integralmente el problema de los ruidos nocturnos y no focalicen su intervención en la actividad de las pymes hosteleras creando un clima de absoluta inseguridad jurídica. Sería bueno que surgieran de un pacto entre las asociaciones de vecinos y de empresarios de hostelería. A través del pacto, las asociaciones se comprometerían, entre otras medidas, a expulsar a los empresarios que no respeten la convivencia y no adopten medidas correctoras, a denunciar a los locales que no cumplan con la normativa o no acepten someterse a una medición acústica y a emprender campañas de concienciación entre los clientes de los establecimientos.

Lo que está claro es que el primer problema que provoca el ocio nocturno son las molestias vecinales por la falta de conciencia cívica de algunos ciudadanos y que siendo complicado dar soluciones definitivas al problema, estas pasan por el cumplimiento de unas normas que sean fruto del diálogo y del consenso que comprometa a todos los colectivos sociales implicados. Además apostar por otras fórmulas de ocio alternativo que no pasen por el consumo masivo de alcohol es algo más que deseable.

Termino con una de las conclusiones  del proyecto DAPHNE II que hace referencia a uno de los efectos colaterales del ocio nocturno y su relación con los y las jóvenes:

El reto de futuro se sitúa cada vez más en la gestión de la conflictividad en los espacios públicos asociados al ocio nocturno. Las políticas públicas no pueden  limitarse a “acordonar” las zonas de ocio, elaborar ordenanzas, poner alumbrado, instalar cámaras de videovigilancia o más policía. Tal vez alguna de estas medidas sea necesaria, si así lo demuestran los correspondientes estudios, pero parece mucho más interesante, para reducir el fenómeno que nos ocupa, el estudiar y llevar a cabo formas viables de desmasificación y de integración del ocio en el tejido urbano y de creación de espacios polivalentes dotados de los servicios (tanto públicos como privados) adecuados.

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