Seguir esquilmando los ríos (1)

16 11 2009

Nos encontramos en puertas de uno de esos debates realmente importantes que, paradójicamente, pueden pasar sin pena ni gloria. Me refiero al de la aprobación de un nuevo Plan Hidrológico para la Cuenca del Ebro o, mejor llamado, Plan de Demarcación.

Hace unos cuantos años comenzó una dura batalla que tuvo entre sus más audaces combatientes a quienes, cansados de las injusticias y atropellos cometidos durante el franquismo y primeros años UCDPSOE de la democracia, se rebelaron contra la construcción de más embalses que suponían inundar pueblos y anegar los mejores valles de nuestras zonas de montaña. En aquel contexto recuerdo perfectamente, corría el año 1998, la elaboración del actual Plan de la Cuenca del Ebro y su aprobación consolidando las ambiciones de los tradicionales beneficiarios del agua (regantes, hidroeléctricos, …) y tratando de forma despectiva e inmisericorde, en los órganos y consejos asesores que aquellos tenían y tienen copados, las alegaciones presentadas desde el movimiento ecologista y las asociaciones de afectados. He sido partícipe del Consejo del Agua de la Cuenca del Ebro y es un espectáculo deprimente ver quienes y cómo ocupan los sillones de ese mal llamado órgano de participación. Por eso me imagino la soledad de Pedro Arrojo que en aquellos momentos era uno entre 80 para tratar de defender, o por lo menos dar voz, a los cientos de alegaciones huérfanas de representante que no tenían en aquel foro sino enemigos acérrimos porque afectaban a sus intereses particulares, económicos o políticos. Aquel Plan dio carta de naturaleza al infausto Pacto del Agua de Aragón (cúmulo de ambiciones ilimitadas y reflejo de frustraciones decimonónicas) y puso encima de la mesa un listado de embalses que, de haberse llevado adelante, hubieran sido un auténtico holocausto para nuestros ríos.

A costa de mucho esfuerzo conseguimos paralizar Jánovas, Santaliestra o poner en cuarentena a Yesa y Biscarrués. También asistimos alborozados al nacimiento de lo que dimos en llamar la Nueva Cultura del Agua y a la aprobación en el parlamento europeo de una Directiva Marco que tiene como objetivo principal la recuperación del buen estado ecológico de los ríos y masas de agua, incluyendo por primera vez en la gestión la plataforma continental. El descoloque de los tradicionales reductos ingenieriles de las confederaciones hidrográficas y el movimiento social generado alrededor de los nuevos conceptos y legislaciones conllevó, entre otras cosas como las que apuntaba antes, la paralización del trasvase del Ebro. En este caso también jugó su papel la apuesta estratégica del PSOE que, desde la oposición, quería ganar espacio entre los sectores más medioambientalistas frente a un PP que, espoleado desde Valencia y Murcia, intentaba emular los mejores tiempos del franquismo e imponer, “manu militari” en terminología del ministro Cañete, un trasvase del Ebro que habría supuesto su defunción irreversible.

Parecía que estábamos asistiendo al inicio de un nuevo ciclo en la gestión de nuestros ríos y la propia ministra Narbona, a pesar de su empeño en despropósitos como el recrecimiento de Yesa, apuntaba otras maneras.

Pero desgraciadamente la ministra Narbona fue relevada y relegada y la supresión del ministerio de Medio Ambiente para fusionarse con Agricultura y Pesca ya nos hacía presagiar que nada bueno se anunciaba para que las cosas cambiaran de verdad. Poco a poco, eso sí con un poco menos de prepotencia y de forma más sibilina, los de siempre van asentándose en sus posiciones y las viejas músicas aparecen para volver a adornar las mismas partituras de siempre. Eso sí lo hacen diciendo que ahora las cosas se perfilan mediante procesos participativos porque reparten algunas migajas presupuestarias para que las asociaciones de afectados o los colectivos ecologistas puedan presentar  sus propios informes. La realidad es que a los planificadores de la CHE les importa un rábano lo que digan dichos informes y que tan sólo quieren acumular nombres de asociaciones en los listados de organizaciones consultadas.

Todo esto viene a cuento de los sentimientos que me han embargado cuando he tenido conocimiento del borrador de nuevo-viejo Plan Hidrológico de la Cuenca del Ebro entregado el pasado día 13  a las organizaciones ecologistas y de afectados. Como se dice en mi pueblo “para mear y no echar gota”.

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