Artieda: Expropiar la vida

10 03 2012

“En tiempo de guerra y en caso de movilización total o parcial que no sea para maniobras, las autoridades militares podrán utilizar, previa requisa, toda clase de bienes muebles, inmuebles, derechos, empresas, industrias, alojamientos, prestaciones personales y, en general, todo cuanto sirva directa o indirectamente a los fines militares.” Este es el contexto en el que según la Ley de 16 de diciembre de 1954 se mueve alguien que deba ser expropiado  forzosamente. Esta es la ley perfilada en pleno franquismo que hoy sigue vigente. Esta es la Ley con la que la CHE, joya de la corona en el franquismo, se presentó en mi pueblo Artieda para robarnos, eso sí “legalmente”, parte de nuestro patrimonio familiar y comunal. Al igual que en 2004 http://www.yesano.com/opinion/gistain20040121.htm tuvieron merecida respuesta y constataron que todavía hay gente para la que la dignidad marca el norte de su hacer. Mis amigos, mi familia, mis vecinos, mis compañeros de luchas que allí acudieron no sólo ejercieron el derecho a la legítima defensa ante la agresión sino que, yendo más allá, dijeron que ya basta de atropellos, que ya basta de disparates, que ya basta de obras inútiles (recordemos aquí el Matarraña, Lechago, El Val, Montearagón,… o allá Riaño) que surgidas de un compulsivo afán fascistoide de doblegar los ríos han contribuido de forma importante a inflar esa gigantesca burbuja que finalmente nos ha explotado. Ese ejercicio de oposición de cada uno en nuestro entorno a los disparates que surgen de discursos vacios y antiguos, pero que siguen engrosando las cuentas de resultados de unos pocos a costa de la mayoría, es el único camino para comenzar a dar la vuelta a esta nuestra presente triste historia. Es lo mismo que tenemos que hacer en defensa de la escuela pública, de la sanidad, de los derechos laborales, de los sueldos dignos, de las pensiones y de todo aquello que de verdad son nuestras necesidades básicas. Lee el resto de esta entrada »





Seguir esquilmando los ríos (1)

16 11 2009

Nos encontramos en puertas de uno de esos debates realmente importantes que, paradójicamente, pueden pasar sin pena ni gloria. Me refiero al de la aprobación de un nuevo Plan Hidrológico para la Cuenca del Ebro o, mejor llamado, Plan de Demarcación.

Hace unos cuantos años comenzó una dura batalla que tuvo entre sus más audaces combatientes a quienes, cansados de las injusticias y atropellos cometidos durante el franquismo y primeros años UCDPSOE de la democracia, se rebelaron contra la construcción de más embalses que suponían inundar pueblos y anegar los mejores valles de nuestras zonas de montaña. En aquel contexto recuerdo perfectamente, corría el año 1998, la elaboración del actual Plan de la Cuenca del Ebro y su aprobación consolidando las ambiciones de los tradicionales beneficiarios del agua (regantes, hidroeléctricos, …) y tratando de forma despectiva e inmisericorde, en los órganos y consejos asesores que aquellos tenían y tienen copados, las alegaciones presentadas desde el movimiento ecologista y las asociaciones de afectados. He sido partícipe del Consejo del Agua de la Cuenca del Ebro y es un espectáculo deprimente ver quienes y cómo ocupan los sillones de ese mal llamado órgano de participación. Por eso me imagino la soledad de Pedro Arrojo que en aquellos momentos era uno entre 80 para tratar de defender, o por lo menos dar voz, a los cientos de alegaciones huérfanas de representante que no tenían en aquel foro sino enemigos acérrimos porque afectaban a sus intereses particulares, económicos o políticos. Aquel Plan dio carta de naturaleza al infausto Pacto del Agua de Aragón (cúmulo de ambiciones ilimitadas y reflejo de frustraciones decimonónicas) y puso encima de la mesa un listado de embalses que, de haberse llevado adelante, hubieran sido un auténtico holocausto para nuestros ríos.

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